domingo, 3 de noviembre de 2013

Tiempo de muertos.

Llegamos al teatro José Recek porque en el Facebook de los Tamalistas se anunciaba un desfile de títeres gigantes a las 6:30 de la tarde, cosa que me animó a salir después de la lluvia. El Teatro Recek es un lugar que me gusta mucho, el único inconveniente que le encuentro es que, claro, de pronto se deja sentir el frío. Llegamos antes, mucho, de las 6:30 y una banda de rock local tocaba en el escenario, que estaba rodeado de veladoras encendidas. A un lado estaba la ofrenda, aquí y allá unas catrinas de tamaño natural. Al fondo y a los lados calaveras gigantes de cuello, brazos y dedos largos, una roja con cuernos, una de labios gruesos: eran los títeres gigantes que un rato más tarde llegarían hasta el zócalo de la ciudad llevados por jóvenes y no tan jóvenes entusiastas ataviados para la ocasión.
Entré en el teatro como en un túnel del tiempo, se respiraba el rock y la fuerza de la banda: jóvenes maquillados como calaveras, niñas con capas adornadas con cráneos, alguien disfrazado de monja, el bajo, la guitarra, la batería y la voz poniendóle sonido a la luz del atardecer. 
Tuve la sensación de estarme entrometiendo de alguna forma porque, aunque era un evento público,  me pareció que los asistentes eran personas que guardan una relación estrecha, bien con el barrio, bien con el teatro, de todos modos me alegró mucho asistir y percibir que allí se encontraban tanto el vecino de la tercera edad como el chavo punketa que coincidieron en el taller de cartonería y que participaron en el desfile de claveras gigantes.

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