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| La ex-penitenciaria de Puebla, hoy Instituto Cultural Poblano. |
Hoy mis pies, en los que he llegado a confiar a plenitud después de un par
de sucesos sorprendentes, me condujeron a la Sala de Exposiciones del Instituto
Cultural Poblano, allí están exhibiéndose, hasta el mes de diciembre, una serie
de documentos, fotografías y maquetas que relatan la historia de nuestra ex
-penitenciaria.
Lamenté no ir con tiempo para visitar la exposición minuciosamente, pero
salta a la vista el gran valor histórico de la misma. Amablemente, Rafael Espinosa e Ignacio Vidal (quienes no
sólo están a cargo de la exposición sino que, junto con su compañera Denisse
Pérez, la planearon, la montaron e
incluso elaboraron las maquetas con sus propias manos y recursos) compartieron
conmigo varios datos interesantes.
Hechos que llaman mi atención son: que el edificio dejó de ser un centro
penitenciario apenas en 1984, que la primera piedra se colocó en 1840 y que fue
hasta 1891 cuando Porfirio Díaz realizó la inauguración del inmueble. La
construcción llevó tantos años debido a que durante la guerra de 1847 (sí, esa
que recordamos por la defensa del Castillo de Chapultepec y los Niños Héroes) y
la intervención francesa (1862-1867) el edificio quedó prácticamente destruido
y fue hasta 1880 cuando se inició su reconstrucción.
La penitenciaria tenía 522 celdas y se concibió como un panóptico octagonal (El
palacio negro de Lecumberri, inaugurado en 1900, también tiene la forma de un
panóptico, pero de estrella, según me explicó Ignacio). No abundaremos aquí
sobre la influencia de David
Bentham en el diseño de las prisiones del siglo XIX, baste decir que las cárceles se construían con el
objetivo de que los prisioneros
estuvieran sujetos al escrutinio permanente de vigilantes que se hallaban
ocultos (había un punto desde el cual se dominaban todos los otros puntos y
aquellos vigilados no podían tener la certeza de si estaban siendo vistos en un
momento determinado o no).
De especial interés para mí fue un libro de registro original en el que se colocaban las fotografías
de los nuevos reclusos rapados y con el torso desnudo, seguidas de una breve
descripción – en caligrafía impecable— que incluía su edad, estatura y señas
particulares, entre otros datos. Los registros que aparecen a la vista son de
hombres más bien jóvenes.
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| El libro de registro de ingresos. |
La reprografía digital de un reo apodado el Capitán Fantasma también llamó
mi atención, no sólo por la leyenda que se teje alrededor del mentado
personaje (que se supone tenía gran habilidad para evadir la justicia y escapó
de todas las prisiones en las que fue recluido) ni porque era un tipo
físicamente atractivo, aunque me lo pareció, sino porque muestra cómo su
carrera criminal comenzó desde muy joven, eso me recordó a muchachos que he conocido y que se
acostumbran a entrar y salir del penal mientras maduran y envejecen.


Uno de los aspectos más vistosos de la exposición son dos maquetas: una que
reproduce el edificio completo y una que reproduce las celdas, en esta última
resalta el detalle de la ambientación, pues diminutos posters de mujeres y
leyendas en las paredes nos hablan de la parte humana de los presos, quienes
por lo demás, eran estudiados a la luz de la teoría de Cesare Lombroso y
clasificados según las dimensiones de diferentes partes de su cuerpo.
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| Detalle de la maqueta de las celdas. |
En 1984, cuando se cerró la penitenciaria, se mudaron alrededor de 900
presos (se acuerdan que habíamos dicho que estaba diseñada para 522) y poco
después se decidió que el edificio se convertiría en un centro cultural. Hoy me
enteré, confieso mi ignorancia, que no es inusual que el patio poligonal se
alquile para eventos como bodas de gente, sobra decirlo, adinerada. Hace poco
se llevó a cabo el halloween interuniversitario: hubo música y alcohol, una
gran fiesta, pues. Además existe la posibilidad de que la escuela 2 de abril,
que ya no es escuela, se convierta en un hotel. Creo que no soy
conservadora ni me aferro al pasado, pero estoy convencida de que hay ciertas
cosas que no deben hacerse, por ejemplo, no deberíamos regodearnos en el triunfo
de la ignorancia.
En fin, espero revisitar la exposición con mucho más tiempo y también
espero que la visite mucha gente. Por cierto, hay que hacer la invitación de
boca en boca y de feisbuc en feisbuc porque el gobierno no está metiendo ni un
quinto en difusión, pero bueno, ya para qué me sigo por ese caminito. Pasen por
la exposición y de paso denle las gracias a Denisse, Ignacio y Rafa por su
iniciativa y empeño para contar una parte de la historia de la Puebla verdadera.





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