jueves, 24 de octubre de 2013

Anhelos de libertad: Exposición en el Instituto Cultural Poblano.

La ex-penitenciaria de Puebla, hoy Instituto Cultural Poblano.




Hoy mis pies, en los que he llegado a confiar a plenitud después de un par de sucesos sorprendentes, me condujeron a la Sala de Exposiciones del Instituto Cultural Poblano, allí están exhibiéndose, hasta el mes de diciembre, una serie de documentos, fotografías y maquetas que relatan la historia de nuestra ex -penitenciaria.
Lamenté no ir con tiempo para visitar la exposición minuciosamente, pero salta a la vista el gran valor histórico de la misma. Amablemente, Rafael  Espinosa e Ignacio Vidal (quienes no sólo están a cargo de la exposición sino que, junto con su compañera Denisse Pérez,  la planearon, la montaron e incluso elaboraron las maquetas con sus propias manos y recursos) compartieron conmigo varios datos interesantes.
Hechos que llaman mi atención son: que el edificio dejó de ser un centro penitenciario apenas en 1984, que la primera piedra se colocó en 1840 y que fue hasta 1891 cuando Porfirio Díaz realizó la inauguración del inmueble. La construcción llevó tantos años debido a que durante la guerra de 1847 (sí, esa que recordamos por la defensa del Castillo de Chapultepec y los Niños Héroes) y la intervención francesa (1862-1867) el edificio quedó prácticamente destruido y fue hasta 1880 cuando se inició su reconstrucción.
La penitenciaria tenía 522 celdas y se concibió como un panóptico octagonal (El palacio negro de Lecumberri, inaugurado en 1900, también tiene la forma de un panóptico, pero de estrella, según me explicó Ignacio). No abundaremos aquí sobre la  influencia de David Bentham en el diseño de las prisiones del siglo XIX, baste decir que  las cárceles se construían con el objetivo de que  los prisioneros estuvieran sujetos al escrutinio permanente de vigilantes que se hallaban ocultos (había un punto desde el cual se dominaban todos los otros puntos y aquellos vigilados no podían tener la certeza de si estaban siendo vistos en un momento determinado o no).
De especial interés para mí fue un libro de registro original  en el que se colocaban las fotografías de los nuevos reclusos rapados y con el torso desnudo, seguidas de una breve descripción – en caligrafía impecable— que incluía su edad, estatura y señas particulares, entre otros datos. Los registros que aparecen a la vista son de hombres más bien jóvenes.






El libro de registro de ingresos.



La reprografía digital de un reo apodado el Capitán Fantasma también llamó mi atención, no sólo por la leyenda que se teje alrededor del mentado personaje (que se supone tenía gran habilidad para evadir la justicia y escapó de todas las prisiones en las que fue recluido) ni porque era un tipo físicamente atractivo, aunque me lo pareció, sino porque muestra cómo su carrera criminal comenzó desde muy joven, eso me recordó a  muchachos que he conocido y que se acostumbran a entrar y salir del penal mientras maduran y envejecen.





Uno de los aspectos más vistosos de la exposición son dos maquetas: una que reproduce el edificio completo y una que reproduce las celdas, en esta última resalta el detalle de la ambientación, pues diminutos posters de mujeres y leyendas en las paredes nos hablan de la parte humana de los presos, quienes por lo demás, eran estudiados a la luz de la teoría de Cesare Lombroso y clasificados según las dimensiones de diferentes partes de su  cuerpo.


Detalle de la maqueta de las celdas.
En 1984, cuando se cerró la penitenciaria, se mudaron alrededor de 900 presos (se acuerdan que habíamos dicho que estaba diseñada para 522) y poco después se decidió que el edificio se convertiría en un centro cultural. Hoy me enteré, confieso mi ignorancia, que no es inusual que el patio poligonal se alquile para eventos como bodas de gente, sobra decirlo, adinerada. Hace poco se llevó a cabo el halloween interuniversitario: hubo música y alcohol, una gran fiesta, pues. Además existe la posibilidad de que la escuela 2 de abril, que ya no es escuela, se convierta en un hotel. Creo que no soy conservadora ni me aferro al pasado, pero estoy convencida de que hay ciertas cosas que no deben hacerse, por ejemplo, no deberíamos regodearnos en el triunfo de la ignorancia.

En fin, espero revisitar la exposición con mucho más tiempo y también espero que la visite mucha gente. Por cierto, hay que hacer la invitación de boca en boca y de feisbuc en feisbuc porque el gobierno no está metiendo ni un quinto en difusión, pero bueno, ya para qué me sigo por ese caminito. Pasen por la exposición y de paso denle las gracias a Denisse, Ignacio y Rafa por su iniciativa y empeño para contar una parte de  la historia de la Puebla verdadera.

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