miércoles, 9 de enero de 2013

Adentro o afuera.



Iba entrando a su casa acompañada de dos niños pequeños. La Señora se ve delgada y de buen ánimo me invita a pasar. Me senté mientras ella ponía a hervir el agua para la pasta, iba a preparar espagueti. El cuarto estaba escombrado, los niños eran sus nietos. Su hijo menor, de unos quince años,  estaba lavando los trastes en el lavadero. La Señora  me cuenta que sus hijas están bien, que trabajan y viven al lado de sus maridos. Su hijo menor sigue empleado como policía y le va bien, vive con su esposa y sus dos hijos en una pieza contigua.
No puedo evitar notar que en la pared hay diplomas otorgados por el Centro de Readaptación Social de Cholula al hijo mayor de la Señora. Se reconoce  su participación en el torneo de beisbol y en el concurso de disfraces. También hay rosas de madera y otras artesanías que realizan los presos. La Señora me cuenta que su hijo lleva  preso  dos años, la razón es que robó un tanque de gas para comprar heroína, su adicción a esta sustancia era delirante y necesitaba 200 o 300 pesos a diario para satisfacerla, así que combinaba el robo y la limpieza de parabrisas para conseguir dinero. El muchacho está cumpliendo una condena de 8 años, su madre y su hermana lo visitan con cierta frecuencia, especialmente para llevarle artículos básicos (champú, jabón, zapatos, ropa, etc) y materiales para que pueda trabajar porque en la cárcel no les dan nada, se lamenta la Señora.
 “Sale más caro tenerlo allá adentro que afuera. Cada que voy son 200 o 300 pesos. Al principio íbamos cada ocho días, ahora ya tiene como cuatro meses que no voy. Ahorita tengo que ir porque me habló por teléfono que le hacen falta champú y jabón y que ya no tiene zapatos. Yo no voy a ir, nada más voy a mandar a su hermana para que le lleve las cosas”
La Señora  dice que piensa mucho en su hijo, que lo ve bien en la cárcel aunque le da tristeza. A veces se arrepiente de no haberlo sacado en la delegación, allí le pedían 3000 pesos para liberarlo, pero la Señora estaba muy enojada pues llevaba varios meses  peleando con su hijo acerca de su vicio y de sus robos. Lo dejó llegar al penal y allí la multa que le determinaron fue de 40000 pesos, cantidad imposible de reunir para la familia. La Señora se lamenta por momentos de haber dejado que encarcelaran a su hijo, pero también cree que si hubiera juntado los 3000 pesos sólo hubiera salido en libertad para seguir en lo mismo y que de todos modos hubiera llegado a donde está. La Señora piensa que en el penal por lo menos su hijo está tranquilo, sin vicios y aprendiendo a hacer cosas muy bonitas.

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