Iba entrando a su casa acompañada de dos niños pequeños. La Señora se ve
delgada y de buen ánimo me invita a pasar. Me senté mientras ella ponía a
hervir el agua para la pasta, iba a preparar espagueti. El cuarto estaba
escombrado, los niños eran sus nietos. Su hijo menor, de unos quince años, estaba lavando los trastes en el
lavadero. La Señora me cuenta que
sus hijas están bien, que trabajan y viven al lado de sus maridos. Su hijo menor sigue empleado como policía y le va bien, vive con su esposa y sus dos
hijos en una pieza contigua.
No puedo evitar notar que en la pared hay diplomas otorgados por el Centro
de Readaptación Social de Cholula al hijo mayor de la Señora. Se reconoce su participación en el torneo de
beisbol y en el concurso de disfraces. También hay rosas de madera y otras
artesanías que realizan los presos. La Señora me cuenta que su hijo lleva preso dos años, la razón es que robó un tanque de gas para comprar
heroína, su adicción a esta sustancia era delirante y necesitaba 200 o 300
pesos a diario para satisfacerla, así que combinaba el robo y la limpieza de
parabrisas para conseguir dinero. El muchacho está cumpliendo una condena de 8
años, su madre y su hermana lo visitan con cierta frecuencia, especialmente para
llevarle artículos básicos (champú, jabón, zapatos, ropa, etc) y materiales
para que pueda trabajar porque en la cárcel no les dan nada, se lamenta la Señora.
“Sale más caro tenerlo allá
adentro que afuera. Cada que voy son 200 o 300 pesos. Al principio íbamos cada
ocho días, ahora ya tiene como cuatro meses que no voy. Ahorita tengo que ir
porque me habló por teléfono que le hacen falta champú y jabón y que ya no tiene
zapatos. Yo no voy a ir, nada más voy a mandar a su hermana para que le lleve
las cosas”
La Señora dice que piensa
mucho en su hijo, que lo ve bien en la cárcel aunque le da tristeza. A veces se
arrepiente de no haberlo sacado en la delegación, allí le pedían 3000 pesos
para liberarlo, pero la Señora estaba muy enojada pues llevaba varios
meses peleando con su hijo acerca
de su vicio y de sus robos. Lo dejó llegar al penal y allí la multa que le
determinaron fue de 40000 pesos, cantidad imposible de reunir para la familia.
La Señora se lamenta por momentos de haber dejado que encarcelaran a su
hijo, pero también cree que si hubiera juntado los 3000 pesos sólo hubiera
salido en libertad para seguir en lo mismo y que de todos modos hubiera llegado
a donde está. La Señora piensa que en el penal por lo menos su hijo está
tranquilo, sin vicios y aprendiendo a hacer cosas muy bonitas.
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